domingo, 6 de mayo de 2007

Humanicidio

Según la categoría de alteridad ¿Qué es el Humanicidio vs. El Humanismo de Humildad?

La alteridad la entendemos como lo exterior a nosotros, todo lo que significa “lo otro”, sin dicha categoría no podríamos llegar a la inmanencia (Dios).
El Humanicidio es la matanza a la que está llegando el hombre a lo largo de los años con su pérdida de conciencia, con su ética de destrucción, soberbia ante la tierra, con la descontrolada tecnociencia, con la cual no vemos un futuro planeado sino por descubrir. Nos hemos fijado más en la obra y no en su creador, la hemos utilizado a nuestro antojo para satisfacer nuestra vanidad y nuestro facilismo, hemos pretendido ser dioses en la tierra. El consumismo y el dinero están haciendo que el hombre se deje de interesar verdaderamente por las cosas elementales, que talvez veamos por costumbre, pero que nuestros futuros hijos y nietos talvez no verán. La industrialización ha logrado llegar a un límite tal de desarrollo que nuestra “nave tierra” no sabe manejar dicha tecnología, y ante ésta, ha comenzado a ceder.
El humanismo de humildad, por el contrario, es la conciencia ante la naturaleza, saber que el hombre puede cambiar sus pensamientos, sus leyes, mientras que la naturaleza no. Es saber que dependemos de ella, que no podemos superar sus límites.
Nuestro objetivo debería ser de guardianes, no de destructores, y para esto, deberíamos hacer todos, un contrato con la naturaleza poniéndola, no como un objeto, sino como un sujeto que actualmente esta actuando velozmente por nuestra causa. Entendamos que el único camino para salvarnos es confluir libremente de la mano de la naturaleza, llegar a tal punto de nuestra autoconciencia que entendamos al hombre y a la tierra como una fuerza única, es decir, que a la tecnología la debemos tomar como un instrumento para la conservación del medio ambiente y no para su destrucción. Tenemos bombas para destruir cerca de 50 planetas tierra, tenemos demasiada gente que no controla la natalidad, talvez haya familias que tengan las posibilidades para mantener dos o tres hijos, pero esta moral planetaria nos llama a no tener más de un hijo por familia.
El humanismo nos propone que seamos nosotros quienes nos acoplemos a la naturaleza y no romper el equilibrio que ésta tiene. Nada en la naturaleza existe sin una razón de ser, por eso, debemos estar concientes de que el menor cambio o alteración que hagamos va a afectar la vida de otro ser vivo, así que debemos aprender ha asimilar el principio fundamental de la “convivencia”, para que todos tengamos los privilegios, cumplamos nuestros deberes, para sentirnos verdaderamente orgullosos de existir en este planeta.
De esta manera apreciamos el enlace que tiene la moral planetaria y la categoría de alteridad, pues al darnos cuenta de todo lo que está a nuestro alrededor estamos pasando la etapa del espectador. Al darnos cuenta de lo “otro” que coexiste con nosotros y al tratar de imponer una moral que nos ayude a superar los contratiempos, estamos convirtiéndonos en protagonistas de este mundo, recordando que no somos piecitas de un juego sino que pensamos y tenemos la libertad de actuar, para que podamos ser co-creadores con Dios.
A nuestro planeta le sobra todo, gente, dinero, guerras, bombas, muertes, pero falta control sobre nuestros actos. El problema está en la mentalidad del hombre, que sólo busca su beneficio. Al tratar de concentrar más poder en nuestras manos, mantenemos un ética propia de un ser egoísta. Para la moral planetaria todos deben ser iguales, y deben saber que el principio de supervivencia esta en el “tenemos que salvarnos todos”, no por grupos, ni por países, sino con el planeta. Entender este concepto de “todo”, es el objetivo de este nuevo humanismo, entender que ya no estamos solos, sino que con nuestros intereses y talentos confluimos juntos a la realización de un proyecto jamás pensado, un proyecto de totalidad.
El hombre debe dejar su “yo” a un lado, es simplemente dar el salto hacia adelante, quitarnos aquel velo de maya que no nos deja ver una realidad incómoda, quitarnos aquella voluntad ciega que nos hace borregos de una sociedad que tiende hacia su extinción, hacia la muerte de la muerte, hacia el suicidio general o planetario.
Entonces, la solución que propone el nuevo humanismo es realmente concebirnos como algo igual a la naturaleza, quererla como a nuestro prójimo, cuidarla como a un hijo, pues sin ella, nuestros hijos y nuestros nietos no tendrán donde vivir, ¿tendríamos tan poco corazón como para dejar a nuestra sangre sin vida? ¿Los mataríamos?

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