domingo, 6 de mayo de 2007

Palabra de vida, MAYO

“En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros” (Jn 13, 35).

Jesús está sentado a la mesa con sus amigos. Es la última cena antes de partir de este mundo, el momento más solemne para dar en consigna la última voluntad, casi un testamento: “Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros”1. Esta será, a lo largo de los siglos, la característica que permitirá identificar a los discípulos de Jesús: en esto todos los reconocerán.
Así fue desde el comienzo. La primera comunidad de los creyentes, en Jerusalén, gozaba del aprecio y la simpatía de todo el pueblo precisamente por su unidad2, a tal punto que todos los días alguien más se les unía.3
Pocos años más tarde, Tertuliano, uno de los primeros escritores cristianos, también daba cuenta de lo que se iba diciendo de los cristianos: “Mira cómo se aman entre ellos, y cómo están dispuestos a morir el uno por el otro”4. Era la realización de las palabras de Jesús:

“En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros”.

El amor recíproco es, por lo tanto “el hábito de los cristianos comunes que, ancianos o jóvenes, hombres o mujeres, casados o no, adultos y niños, enfermos o sanos pueden endosar para anunciar en alta voz en cualquier parte y siempre, con la propia vida, a Aquél en el cual creen, a Aquél que quieren amar”5.
Se puede decir que, en la unidad que nace del amor recíproco entre los discípulos de Jesús se refleja y se hace visible ese Dios que él ha revelado como Amor: la Iglesia es icono de la Trinidad.6
Este es, hoy más que nunca, el camino para anunciar el Evangelio. Una sociedad muchas veces trastornada por demasiadas palabras busca testimonios antes que maestros, quiere modelos antes que palabras. A ella le resulta más fácil participar si ve un Evangelio hecho de vida, capaz de crear relaciones nuevas, basadas en la fraternidad y en el amor.

“En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros”.

¿Cómo vivir esta Palabra de vida? Manteniendo vivo entre nosotros el amor recíproco y formando por doquier “células vivas”.
“Si en una ciudad – ha escrito Chiara Lubich -, en los puntos más diversos, se encendiera el fuego que Jesús ha traído a la tierra y ese fuego resistiera, por la buena voluntad de sus habitantes, al hielo del mundo, no pasaría mucho tiempo sin que esa ciudad se encendiera del amor de Dios. El fuego que Jesús ha traído a la tierra es él mismo, es caridad: ese amor que no sólo une el alma a Dios, sino también a las almas entre sí. (…)
“Dos o más almas fundidas en el nombre de Cristo, que no sólo no tienen temor o vergüenza de declararse recíprocamente y explícitamente su deseo de amor a Dios, sino que hacen de la unidad entre ellos en Cristo su Ideal, son una potencia divina en el mundo.
“Y en cada ciudad estas almas pueden surgir en las familias: padre y madre, hijo y padre, nuera y suegra; pueden encontrarse en las parroquias, en las asociaciones, en las sociedades humanas, en las escuelas, en las oficinas, en todas partes.
“No es necesario que ya sean santas, porque si no Jesús lo habría dicho; basta que estén unidas en el nombre de Cristo y no decaigan nunca en esa unidad. Naturalmente, están destinadas a seguir siendo dos o tres por poco tiempo, porque la caridad es difusiva por sí misma y aumenta en proporciones inmensas.
“Cada pequeña célula, encendida por Dios en cualquier punto de la tierra, se extenderá luego necesariamente y la Providencia distribuirá esas llamas, esas almas-llama, adonde mejor le parezca, para que el mundo sea renovado en muchas partes al calor del amor de Dios, y respire”7.

Palabra de vida ABRIL

SERVIR ES REINAR
«Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22, 27)
El día de los Ácimos, la fiesta de Pascua, en la “sala del piso de arriba”, Jesús comparte su última cena con los discípulos. Después de haber partido el pan y haber hecho circular el cáliz del vino, les da una lección final: en su comunidad el mayor se hará el más pequeño y el que gobierna será como el que sirve.En la narración de S. Juan, Jesús hace un gesto elocuente que indica la novedad de las relaciones que Él ha venido a establecer entre quienes son sus seguidores: les lava los pies, en contra de toda lógica común de superioridad y de mando (los apóstoles en aquella última cena se preguntaban quién entre ellos se podía considerar “el más grande”).
«Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve»
“Amar significa servir. Jesús nos dio ejemplo”, dice Chiara Lubich en un discurso suyo[1].“Servir”, una palabra que parece degradar a la persona. Quienes sirven, ¿no suelen ser considerados habitualmente de categoría inferior? A pesar de ello todos queremos que nos sirvan. Lo exigimos de las instituciones públicas (¿no se llaman “ministros” las personas que ostentan altos cargos?), de los servicios sociales (¿acaso no se llaman “servicios”?). Agradecemos al dependiente cuando nos sirve bien, al empleado cuando nos atiende con rapidez, al médico y a la enfermera cuando nos tratan atentamente y con competencia… Si esto es lo que nos esperamos de los demás, tal vez los demás se esperan lo mismo de nosotros.La palabra de Jesús, a nosotros cristianos, nos hace conscientes de que tenemos una deuda de amor con todos. Con Él y como Él, también nosotros, ante cualquier persona con la que convivimos o con la que nos encontramos en el trabajo, deberíamos poder repetir:
«Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve»
Además Chiara Lubich recuerda que el cristianismo es “servir, servir a todos, ver a todos como patrones: si nosotros somos siervos, los demás son patrones. Servir, servir, estar abajo, abajo, tratar de alcanzar el primado evangélico sí, pero poniéndonos al servicio de todos. (…) El cristianismo es una cosa seria, no es un poco de barniz, un poco de compasión, un poco de amor, una pequeña limosna. ¡Ah, no! Es fácil dar limosna para sentirse con la conciencia tranquila y luego condenar u oprimir”.¿Cómo hacer para servir? En aquel discurso Chiara señalaba simplemente dos palabras: “vivir el otro”, es decir, “tratar de entrar en el otro, en sus sentimientos, tratar de llevar sus pesos”. Ponía un ejemplo: ¿cómo hago con los niños? Los niños quieren que yo juegue con ellos: ¡pues jugar! ¿Tengo también que estar con otra persona de casa que desea ver la televisión o dar un paseo? Nos surgiría espontáneo decir que es una pérdida de tiempo: “No, no es tiempo perdido, es todo amor, es todo tiempo ganado, porque hay que hacerse uno por amor”. “¿Tengo que llevarle la chaqueta justamente a ese que está saliendo o tengo que llevarle el plato a la mesa?” Sí, justamente así, porque el servicio que Jesús pide no es un servicio imaginario, no es un sentimiento de servicio. Jesús hablaba de un servicio concreto, con los músculos, con las piernas, con la cabeza; es necesario servir”[2].
«Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve»
Pues bien, ya sabemos cómo vivir esta Palabra de vida: prestando atención al otro y respondiendo con prontitud a sus exigencias, amando con los hechos.Unas veces será mejorar nuestro trabajo, hacerlo cada vez con más competencia y perfección, porque con él servimos a la comunidad.Otras veces será ir al encuentro de especiales peticiones de ayuda que surgen lejos o cerca de nosotros por parte de ancianos, parados, discapacitados, personas solas, o también de las que llegan de países lejanos después de catástrofes naturales, de las peticiones de adopciones o de sostenimiento de proyectos humanitarios. Quien tiene cargos de responsabilidad no tendrá actitudes odiosas de mando, acordándose de que todos somos hermanos y hermanas.Si todo lo hacemos con amor descubriremos, como dice un antiguo refrán cristiano, que “servir es reinar”.

Humanicidio

Según la categoría de alteridad ¿Qué es el Humanicidio vs. El Humanismo de Humildad?

La alteridad la entendemos como lo exterior a nosotros, todo lo que significa “lo otro”, sin dicha categoría no podríamos llegar a la inmanencia (Dios).
El Humanicidio es la matanza a la que está llegando el hombre a lo largo de los años con su pérdida de conciencia, con su ética de destrucción, soberbia ante la tierra, con la descontrolada tecnociencia, con la cual no vemos un futuro planeado sino por descubrir. Nos hemos fijado más en la obra y no en su creador, la hemos utilizado a nuestro antojo para satisfacer nuestra vanidad y nuestro facilismo, hemos pretendido ser dioses en la tierra. El consumismo y el dinero están haciendo que el hombre se deje de interesar verdaderamente por las cosas elementales, que talvez veamos por costumbre, pero que nuestros futuros hijos y nietos talvez no verán. La industrialización ha logrado llegar a un límite tal de desarrollo que nuestra “nave tierra” no sabe manejar dicha tecnología, y ante ésta, ha comenzado a ceder.
El humanismo de humildad, por el contrario, es la conciencia ante la naturaleza, saber que el hombre puede cambiar sus pensamientos, sus leyes, mientras que la naturaleza no. Es saber que dependemos de ella, que no podemos superar sus límites.
Nuestro objetivo debería ser de guardianes, no de destructores, y para esto, deberíamos hacer todos, un contrato con la naturaleza poniéndola, no como un objeto, sino como un sujeto que actualmente esta actuando velozmente por nuestra causa. Entendamos que el único camino para salvarnos es confluir libremente de la mano de la naturaleza, llegar a tal punto de nuestra autoconciencia que entendamos al hombre y a la tierra como una fuerza única, es decir, que a la tecnología la debemos tomar como un instrumento para la conservación del medio ambiente y no para su destrucción. Tenemos bombas para destruir cerca de 50 planetas tierra, tenemos demasiada gente que no controla la natalidad, talvez haya familias que tengan las posibilidades para mantener dos o tres hijos, pero esta moral planetaria nos llama a no tener más de un hijo por familia.
El humanismo nos propone que seamos nosotros quienes nos acoplemos a la naturaleza y no romper el equilibrio que ésta tiene. Nada en la naturaleza existe sin una razón de ser, por eso, debemos estar concientes de que el menor cambio o alteración que hagamos va a afectar la vida de otro ser vivo, así que debemos aprender ha asimilar el principio fundamental de la “convivencia”, para que todos tengamos los privilegios, cumplamos nuestros deberes, para sentirnos verdaderamente orgullosos de existir en este planeta.
De esta manera apreciamos el enlace que tiene la moral planetaria y la categoría de alteridad, pues al darnos cuenta de todo lo que está a nuestro alrededor estamos pasando la etapa del espectador. Al darnos cuenta de lo “otro” que coexiste con nosotros y al tratar de imponer una moral que nos ayude a superar los contratiempos, estamos convirtiéndonos en protagonistas de este mundo, recordando que no somos piecitas de un juego sino que pensamos y tenemos la libertad de actuar, para que podamos ser co-creadores con Dios.
A nuestro planeta le sobra todo, gente, dinero, guerras, bombas, muertes, pero falta control sobre nuestros actos. El problema está en la mentalidad del hombre, que sólo busca su beneficio. Al tratar de concentrar más poder en nuestras manos, mantenemos un ética propia de un ser egoísta. Para la moral planetaria todos deben ser iguales, y deben saber que el principio de supervivencia esta en el “tenemos que salvarnos todos”, no por grupos, ni por países, sino con el planeta. Entender este concepto de “todo”, es el objetivo de este nuevo humanismo, entender que ya no estamos solos, sino que con nuestros intereses y talentos confluimos juntos a la realización de un proyecto jamás pensado, un proyecto de totalidad.
El hombre debe dejar su “yo” a un lado, es simplemente dar el salto hacia adelante, quitarnos aquel velo de maya que no nos deja ver una realidad incómoda, quitarnos aquella voluntad ciega que nos hace borregos de una sociedad que tiende hacia su extinción, hacia la muerte de la muerte, hacia el suicidio general o planetario.
Entonces, la solución que propone el nuevo humanismo es realmente concebirnos como algo igual a la naturaleza, quererla como a nuestro prójimo, cuidarla como a un hijo, pues sin ella, nuestros hijos y nuestros nietos no tendrán donde vivir, ¿tendríamos tan poco corazón como para dejar a nuestra sangre sin vida? ¿Los mataríamos?

Jesus Camp

En clase, discutíamos acerca de que nosotros no podemos criticar algo que para los cristianos evangélicos esta totalmente bien, pues si, para ellos ver un reportaje acerca de nuestra religión también debe ser bastante impactante.
Me llamaron la atención algunos puntos; 1) ¿Qué no les enseñen en escuelas? ¿Qué les digan que no existe el calentamiento global?
La escuela significa el medio donde nosotros aprendemos a socializar con las personas, a conocer el mundo, estos chicos viven encerrados en su burbuja, en su familia, y como veíamos en la película, ni mojarse les permiten, todo es muy rígido. Ellos basan su fe en Jesús, y él nos dio la libertad de elección, pero ¿estos pobres niños eligen? ¿De verdad tienen la capacidad de discernimiento? Como dije en clase ¿será que lograran tolerantes acerca de otras religiones? ¿Qué pasaría si se les deja convivir tan solo un día con algún niño de otra religión, sea ortodoxo, budista, etc.?
También causa impresión la maravillosa estrategia política, porque después de todo esta religión esta politizada, por tanta propaganda, etc. Los niños están siendo utilizados como unos simples medios de comunicación, y peor aún, aunque suene desagradable, ni se les paga por tal servicio.
No puedo decir que tengo la verdad, ni que todo lo yo haga esta bien, esta bien en cuanto me han enseñado, en mi casa, en mi colegio, en mi religión. Ellos también hacen el bien de acuerdo con sus paradigmas. Los budistas ortodoxos, etc., pues también hacen “su bien”.
He conocido personas evangélicas, pero realmente he entablado conversaciones muy chéveres acerca de sus creencias, se me hizo raro ver el video, pues aquella comunidad a la que yo asistí es muy abierta, la gente es muy chévere, obviamente van a colegios específicos, tienen su Biblia diferente, etc. Después de todo somos hijos del mismo padre, y no vale la pena estar peleando por quien tiene la verdad, si la verdad es ÉL.

lunes, 26 de marzo de 2007

La religión!

La religión a través de los años ha perdido su sentido. Jesús vino al mundo a enseñarnos, con obras, el amor de Dios. La Iglesia a hecho que la religión pierda el valor de piedra de Dios, de espíritu de caridad, solidaridad y bondad.

Aprendí en mi casa y con el paso de mis años, que la religión se basaba en ir a misa, leer la Biblia, practicar los sacramentos. Pero todo era tan tradicionalista que me llamaba la atención ver que las personas acudieron a mi primera comunión como un simple ritual, una simple convocatoria donde podían comer “de a gratis”. La religión se ha convertido en una simple tradicional o ritual.
Tras este contexto me pregunto, ¿Siento de verdad las cosas que hago? O por el contrario, ¿es simple costumbre?
Cosas como santiguarme, cogerle la mano al que esta a mi derecha en el padre nuestro, alzar la mano cuando el padre dará la bendición final, son cosas que perdieron el valor para mi, porque simplemente los hacía sin ganas. Es aquí que entendí que la religión no es ir a misa, ni ser un devoto. La religión es practicar la ley de Dios, en mi casa, con mis amigos, y hasta con mis enemigos. Es darse cuenta que el mundo a preferido lo fácil, porque si, es fácil santiguarse o darse la paz, pero ¿es fácil acercarte a tu enemigo y decirle de verdad, hermano? Este es el verdadero significado de la vida, el amar. El entregarse a los demás, sin gritar al mundo que hago obras de amor. El sentir el fuego de Dios que alimenta nuestras almas para donarnos y llegar al punto de HACERNOS UNO con cristo y el prójimo.
Obviamente no es fácil vivir de esta manera, pero por esto la considero como una gimnasia, un vivir cada día intentando, aprendiendo a querer por sobre mi, a olvidarme de mi, a dejar todo lo que es mío y me gusta por una simple sonrisa de otra persona. Y es aquí cuando uso una referencia universal, la regla de Oro. Presente en todas las religiones del mundo y hasta en aquellos que se dicen ateos. “NO hagas al otro lo que no quieres que te hagan” o por el contrario “Has al otro lo que quisieras que te hagan a ti”. Este es un texto importantísimo para mi vida, porque es mi ejercicio diario, el hecho de no molestar a un amigo, de ayudar en lo que se pueda, y sobre todo borrar el peor sentimiento, para mi modo de ver, de los seres humanos, el EGOÍSMO.
Es aquí cuando se presenta este gran reto, vivir por amor, y morir por amor. Llegar a ser un Jesús y ver en cada persona que nos crucemos por el camino a un Jesús abandonado. Y aplicar el mandamiento de dios, amar a todos como Él nos amo, sabiendo que amando es que se gana el reino de los cielos, siendo ricos de espíritu y pobres en orgullo y avaricia, aprendiendo que vinimos ha hacer historia y a no dejar pasar los días sino ser nosotros los realizadores de éstos. Dejar de lado la mediocridad y el pasivismo, saber que somos procreadores con Dios, y nuestra misión en la tierra es dejar la misma huella que Jesús dejó en nuestros corazones y que ha trascendido a través de ya 2007 años, siendo, según Kant, nuestro mejor ejemplo y referencia de imperativo categórico.
En fin, la conclusión para mi es vivir por amor, entregarme viviendo Jesús en medio, es decir, que donde dos o más estén reunidos en su nombre, estaremos compartiendo con él nuestras vivencias, dolores y alegrías. Seamos partícipes de la creación y amemos sin fin, y estaremos viviendo la mejor religión, la que más vale. Tampoco podemos despreciar a la religión de la Iglesia, pues también es un pilar fundamental, vivamos éstos preceptos, porque la verdadera religión no es la tradicionalista sino la que en nuestro diario vivir practicamos.

domingo, 18 de marzo de 2007

Palabra de vida - marzo 2007 –

El dolor, amado, fructifica“Los que siembran con lágrimas cosechan entre cantares” (Sal 126 (125), 5)Esta Palabra de vida está tomada de un Salmo que canta la intervención decisiva y poderosa de Dios que libera a su pueblo del exilio de Babilonia y que sigue interviniendo a lo largo de su historia, cada vez que lo ve abatido, desanimado, acechado por el mal.Es la historia de cada uno de nosotros, condensada en una imagen eficaz: por una parte la incertidumbre, el miedo del sembrador que confía a la tierra la semilla (¿será buena la temporada? ¿germinará el trigo?), por otra, la alegría de la cosecha de la mies ansiada.“Los que siembran con lágrimas cosechan entre cantares”Cuando pensamos en nuestra vida, a menudo nos la imaginamos toda armoniosa, como “una serie de jornadas que nos proponemos a cual más perfecta, con el trabajo bien hecho, con el estudio, con el descanso, con las horas pasadas con la familia, con las reuniones, congresos, el deporte, con los tiempos de entretenimiento realizados en orden y en paz (…) Siempre en el corazón humano existe la esperanza de que las cosas vayan así y sólo así.En realidad, nuestro “Santo viaje” luego, se muestra diferente, porque Dios lo quiere diferente. Y Él mismo piensa en introducir en nuestro programa otros elementos queridos o permitidos por Él, para que nuestra existencia adquiera el verdadero sentido y alcance el fin para el que fue creada. De ahí los dolores físicos y espirituales, las enfermedades, de ahí miles y miles de sufrimientos que hablan más de muerte que de vida.¿Por qué? ¿Acaso porque Dios quiere la muerte? No, más bien al contrario, Dios ama la vida, pero una vida tan plena, tan fecunda que nosotros- con toda nuestra tensión al bien, a lo positivo, a la paz- no habríamos sabido imaginarnos nunca”(1) .Y aquí tenemos la imagen del sembrador que arroja una semilla destinada a morir, casi como señal de nuestras fatigas y de nuestro sufrimiento y la imagen del segador que recoge el fruto de la espiga que brota de esa muerte: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto”(2) .“Dios quiere que durante la vida experimentemos una cierta muerte- o a veces, muchos tipos de muerte- pero (…) para dar fruto, para hacer obras dignas de Él y no de nosotros, simples hombres. Éste es para Él el sentido de nuestra vida: una vida rica, plena, superabundante, una vida que sea un reflejo de la suya”(3). “Los que siembran con lágrimas cosechan entre cantares”¿Cómo vivir esta Palabra de vida? Nos lo sugiere también Chiara que nos guía en el cumplimiento de la Palabra de Dios: “Es necesario valorizar el dolor, pequeño o grande, tomarlo en consideración (…) Dar valor en particular al cansancio, al sacrificio que conlleva amar al prójimo: es nuestro deber típico”(4) ¡Es un dolor que engendra la vida!Y esto sin rendirnos jamás incluso cuando no vemos el resultado, sabiendo que a veces “uno siembra y otro cosecha”(5) ¿Cuál será el futuro de nuestros hijos a los que tratamos de educar lo mejor posible?¿Quién verá los efectos de mi compromiso social y político? No nos cansemos nunca de hacer el bien(6), habrá frutos de todas maneras, quizás mucho más tarde, quizás en otra parte, pero los habrá.Una esperanza, una certidumbre, una meta segura está delante de nosotros en el camino de la vida. Las dificultades, las pruebas, las adversidades, por las que a veces nos sentimos oprimidos, son un paso obligado que nos abre a la bienaventuranza y a la alegría.“Y entonces ¡adelante! Miremos más allá de cada dolor. No nos paremos solamente en esa inquietud, en esa prueba…miremos a la mies que vendrá”(7).“Los que siembran con lágrimas cosechan entre cantares” Patricia, de 22 años, estudiante de derecho, desde hacía algún tiempo sustituía al ayudante de un director de departamento. “Desde el principio- nos confía- me propuse tratar siempre de hacer mejor el trabajo y cuidar la relación con mis compañeros, actuando de tal manera que cada uno se sintiera apreciado”.Pero a menudo se trataba de ir a contracorriente en la defensa de mis principios hasta las últimas consecuencias, como ella misma contaba: “Una persona importante en mi ambiente de trabajo, que gozaba de ciertos privilegios, tenía un comportamiento claramente deshonesto. Debía decírselo”.Por haber manifestado sus convicciones, Patricia perdió su trabajo. “Sufrí terriblemente, pero al mismo tiempo estaba tranquila, porque sabía que había actuado de un modo justo”. No se desesperó ya que en ella era firme la certeza de tener un Padre para el que todo es posible y que la amaba desmesuradamente. Parecía imposible en la situación económica y laboral que vive Paraguay, sin embargo, aquella misma noche le llegaron dos ofertas de trabajo. El nuevo es además mejor que el anterior y más directamente relacionado con sus estudios.

A cargo de Fabio Ciardi y Gabriella Fallacara 1) Buscando las cosas de arriba, Ciudad Nueva, Madrid 1993, p.86.2) Jn 12, 24.3) Obra.citada p. 86.4) Ibid. P. 105.5) Jn 4, 37.6) Cf. Gál 6, 9.7) Obra.citada p. 85.

sábado, 3 de marzo de 2007

PROMETEO, SÍMBOLO DEL ROMANTICISMO

ROMANTICISMO
El Romanticismo fue una reacción contra el espíritu racional e hipercrítico de la Ilustración y el Neoclasicismo, y favorecía, ante todo,
Es propio de este movimiento:
Un gran aprecio de lo personal, un subjetivismo e individualismo absoluto, un culto al yo fundamental y al carácter nacional o Volksgeist, frente a la universalidad y sociabilidad de la Ilustración en el siglo XVIII; en ese sentido los héroes románticos son con frecuencia prototipos de rebeldía (Don Juan, el pirata, Prometeo) y los autores románticos quebrantan cualquier normativa o tradición cultural que ahogue su libertad.

Prometeo permanece indisolublemente ligado a la humanidad, al haber recibido de él sus conocimientos y técnicas. Fue el trágico Esquilo el primero que presentó la figura de Prometeo como la encarnación de la libertad humana enfrentada con orgullo... al destino. Prometeo significa todas las tendencias que nos empujan a saber, porque no es lo mismo entender que saber; saber, es saber hacer. Y nos empuja a Saber tanto como nuestros padres, más que nuestros padres, tanto como nuestros maestros, más que nuestros maestros; nuestras líneas vitales… No estamos sujetos a ningún límite, determinamos por nosotros mismos, aun con la propia naturaleza y conocimiento, según nuestra libre y universal voluntad...

Prometeo, en fin, es esa divinidad que, de una manera u otra, ha tenido por extraña misión la de proteger a los mortales. Ya desde Esquilo, que dio al protagonista de su tragedia Prometeo encadenado toda la fuerza trágica que desde entonces le iba a acompañar, el Titán se estableció como el símbolo de la insumisión, de la autoafirmación del individuo ante un poder despótico y tiránico: en el símbolo del homme revolté, según la expresión de Albert Camus. Ese espíritu rebelde, exacerbado por el no menos rebelde espíritu del romanticismo, por las odas de Goethe o de Byron, ha permanecido perenne hasta nuestros días, hasta dar nombre, a través del psicoanálisis, a un complejo, el complejo de Prometeo, presente en aquellos individuos disconformes, convencidos de sus principios. Pero no es sólo eso: Prometeo es también el símbolo de aquello que de divino llevamos en nuestro interior. Nada mejor para expresar la fuerza simbólica que porta el Titán que las palabras con que Byron se refiere a él en la tercera estrofa de su Oda a Prometeo, de julio 1816:
Tu crimen divino fue ser bondadoso,
el hacer con tus preceptos menor
la suma de las desventuras humanas,
y el fortalecer al hombre con su propia mente.